sábado, 14 de agosto de 2010

Día 12 (09/08) Parque Nacional Plitvice

Hoy madrugamos porque toca una visita que lo requiere: el Parque Nacional de los lagos de Plitvice. El apartamento está a 15 km, y el propietario nos ha recomendado cuál de las rutas realizar: la C, que empieza en la entrada 1. Se puede hacer entre 4 y 6 horas, combinándolo con un trayecto de barco y la vuelta en bus-tren. A las 7:30 estamos en pie, preparamos los superbocatas y nos dirigimos al parque. A pesar llegar temprano, ya nos encontramos una cola de casi 1 hora. Entramos al parque a las 10 de la mañana y lo primero que vemos es la catarata más alta: un salto de agua de 78 metros de altura.

Pero eso no sería lo más impresionante, lo fue mucho más la transparencia de las aguas. Nunca, ni siquiera en una piscina, habíamos visto aguas tan cristalinas. Algunos lagos tenían fondos de más de 10 m que se apreciaban perfectamente. Posiblemente las fotos no muestran lo impresionante de la realidad.

El camino no presenta ninguna dificultad (sí en ocasiones para los usuarios de carrito) y se adentra entre lagos, cataratas y vegetación. No esperáis intimidad, ya que miles de visitantes se dividen entre las diferentes rutas que atraviesan el parque.

También nos acompañan en el camino peces, serpientes, y serpientes comiendo peces.

Nuestra ruta se prolongó durante 8 horas por las numerosas fotos y paradas voluntarias que realizamos para contemplar las formas esculpidas por el agua, además de nuestro picnic a la orilla del lago. Una excursión perfecta para realizar en 1 día.


Por si no hubiéramos tenido suficiente, a la vuelta vemos un cartel en la carretera que anuncia unas cuevas: Baraceva Splije. Como el coche nos deja a 500 metros de un camino algo escarpado hacemos una avanzadilla para valorar la posible excursión. Tras ver que el cartel anunciador muestra un murciélago y poca cosa más, abortamos la operación y volvemos al apartamento donde nos preparamos una cena reponedora.

miércoles, 11 de agosto de 2010

Día 11 (08/08) Split – Zadar – Plitvice

Hoy dejamos el apartamento de Split, esperando que el siguiente alojamiento rompa la racha descendente. Tenemos unas 4 horas de coche, pero haremos una breve parada en medio para visitar Zadar. Durante este trayecto verificamos que la conducción de los croatas es suicida y temeraria.

Gracias a la inapreciable ayuda de la Lonely Planet, será un día que no olvidaremos. Dos son las causas: el restaurante Kornat y el Órgano del mar.

Un aperitivo de paté de atún y 1 kilo de mejillones para empezar; rape con salsa de trufa, steak con crema de trufa y pistachos, raviolis con espinacas y frutos del mar como plato principal; y para acabar los mejores postres que hemos comido hasta ahora: tarta de chocolate, panacota y tiramisú blanco. Todo ello regado con 2 litros de vino blanco de la casa, unos licores de cereza y unos cafés con hielo.

No podemos olvidar la extraordinaria simpatía de los camareros, que ciertamente es una constante en todos los restaurantes, desde Kornat hasta los fast food. En esto, sin duda, nos ganan… Con una excepción: cuando intentamos pedir un café con hielo. No sabemos si por nuestro inglés o por la falta de costumbre, pero nos han llegado a traer desde un café con una bola de helado dentro hasta 4 cafés y una cubitera… Seguiremos probando.

Respecto al Órgano del mar, Belén os explica qué es en el siguiente vídeo (como el audio no es muy bueno, es un espectáculo mucho mejor en directo, por supuesto)


Una curiosidad de Zadar: está prohibido pasear perros sin cabeza.

Después de varios días con nuestro particular Gran Hermano, empiezan a surgir discrepancias que no siempre resolvemos hablando.

Y ahora hacia Plitvice. Nos adentramos en las montañas donde algunos paisajes nos evocan a aquellas carreteras de los parques naturales de Estados Unidos, hace ahora 2 años.

Llegamos al punto marcado en el GPS. Está en una carretera, pero de aquí salen caminos hacia las montañas con casitas a los lados: debemos buscar la nuestra. En un restaurante nos indican el que tenemos que seguir. Nos adentramos y paramos en la primera casa que encontramos. Es de noche, no se ve nada y tememos que nos salga un loco con una motosierra. Pero la realidad supera a la ficción: aparece un tipo desaliñado con camiseta de imperio y calzoncillos blancos de los de antes, que nos indica que es la segunda casa a la izquierda. No tenemos fotos para ilustrar el momento, pero os aseguro que fue increíble.

Vuelve la euforia al comprobar la belleza del lugar y el precioso apartamento en el que dormiremos las 2 próximas noches.

Día 10 (07/08) Solin

Hoy toca día cultural: ruinas romanas de Solin. Encontrar las ruinas de Salona es un poco complicado ya que hay pocas indicaciones. Mientras preguntamos a una señora, un coche para al lado y nos guía hasta la entrada. Allí vemos unas ruinas bien conservadas.

Para ver el resto (anfiteatro, teatro, foro,…) hay que pagar 20 kunas por cabeza. Accedemos al resto del recinto, donde lo más impactante es el anfiteatro. Con capacidad para 17.000 personas, fue el primero en el que se inventó la carne de cristiano como comida para los leones. La lástima es que tanta historia esté ahora rodeada de una autopista y algunas fábricas.

Volvemos al presente y nos dirigimos a la playa de Split. Parece que se está preparando una buena bacanal, pero en este caso no romana, está patrocinada por Absolut vodka. La playa parece una pista de baile, los porteadores entran cajas y cajas de bebida, y varios gorilas controlan la entrada. Fuera bomberos y policía. Parece que la fiesta será sonada. De nuevo nos encontramos con cemento en la orilla. Descansamos unos minutos y encaramos la parte final de la jornada: Split ‘la nuit’.

El Palacio Diocleciano es impresionante. Lo que ahora es el casco antiguo de Split fue la residencia del emperador romano Diocleciano cuando se retiró de la vida política. Actualmente se muestra como una perfecta combinación de historia y cultura en simbiosis con la vida nocturna de Split: bares, músicos, restaurantes, viviendas, comercios… Terminamos la jornada con una cena en una de las plazas del recinto y un paseo con helado incluido.

Una cena rodeados de historia imperial, 580 kunas; cucurucho de helado con dos bolas, 10 kunas; ver un espectáculo de fuego en la plaza de la Catedral, no tiene precio.

Día 9 (06/08) Krka

El parque nacional de Krka es nuestro destino para esta jornada. Nos desplazamos en coche a la ciudad de Scradin para coger el barco que nos llevará al parque. Quien se quiera ahorrar unas cuantas kunas deberá evitar a los gorrillas de los primeros aparcamientos y dejarlo en el parking que hay pasada la localidad. Además de estar más cerca del embarcadero, sólo cuesta 30 kunas / día, en vez de las 7 kunas / hora de los primeros.

Navegamos durante unos 30 minutos por un sumidero rodeado de juncos y con algunos cisnes salvajes. Nada más desembarcar nos encontramos con unas hermosas vistas: las cataratas de Skradinski Buck, un lugar en el que te puedes bañar pero eso sí, rodeado de muchos turistas.

Un camino de madera te permite disfrutar de la naturaleza del parque adentrándose en su interior de una forma poco intrusiva. Rodea las cataratas en aproximadamente 1 hora aunque a nosotros nos llevó casi 4: el trayecto incluyó nuestro particular picnic al más puro estilo Paco Martínez Soria, siesta incluida.


Y como Jose no se dormía, Belén aplicó su sabiduría de madre, pero con su marido.


Posteriormente intentamos coger unos barcos que navegan la parte superior de los lagos en dos trayectos posibles, pero nos informan que para el día de hoy estaba todo vendido. Decidimos entonces aventurarnos con el coche. Pero antes de irnos, comprobamos que en todos los países hay un Sandokán, y el de Croacia estaba en Krka.

Pasamos por algunas carreteras algo perdidas, en ocasiones con un único carril para los dos sentidos y con la dificultad añadida de que la noche empezaba a caer. Primero llegamos a Roski Slap, donde hay algunos molinos y un lago enorme con tranquilas aguas.

Después vamos hacia Visovac. Esta segunda ubicación no nos regaló unas buenas vistas, quizás porque no elegimos el punto correcto, quizás porque la luz que quedaba ya era mínima.

Entradas al parque nacional, 4 x 95 kunas; pan y embutido para el picnic, unas 100 kunas; saltar en lo que parece el fin del mundo, no tiene precio.

Día 8 (05/08) Trogir

Hoy nos vamos Trogir, a una hora de Split. De nuevo nos encontramos con un pueblo medieval fantásticamente conservado y con un suelo limpio pero no apto para carritos.

Lo más destacable fue la visita a la Catedral, que ofrece una bonita panorámica de la ciudad. Las chicas que no vayan recatadas deberán cubrirse los hombros con pañuelo que prestan en la entrada. El tramo final parece de difícil acceso a la subida...

...y lo demuestra a la bajada.

Entrada a la Catedral, 80 Kunas; comer sardinas del adriático en una tranquila terraza interior, 65 kunas; dejar que Èric conduzca a la vuelta, no tiene precio.

lunes, 9 de agosto de 2010

Día 7 (04/08) Bol – Split

Los planes de hoy: excursión a la playa de Bol en la isla de Brac. Cogemos un barco que por 60 kunas nos llevará a las 9:30 y nos devolverá a las 17:00.

El lugar también se conoce como la Playa del Cuerno de Oro, y tiene una particularidad que atrae a miles de turistas: es la única playa del mundo que cambia de forma según sople el viento y la marea. No esperéis ver nada espectacular al respecto. A nuestro juicio se trata más de un reclamo turístico que de otra cosa.

Sin embargo, esto no quita que se trate de una playa poco habitual y bonita, con forma de cuerno, agua a ambos lados y la zona central de pinos que proporcionan una sombra ideal para hacer la siesta. Durante el camino, vemos este particular bar en la arena.

A la vuelta nos dirigimos al tercero de los apartamentos. Esto va de mal en peor: el apartamento no es el que habíamos reservado. De lo prometido (amplia terraza con vistas al mar, aire acondicionado, dos baños,…) pasamos a un baño rónico con araña incluida, toallas con aspecto de paños de limpieza, y una cama montada en la cocina que no nos deja ni mover. Lo bautizamos como “apartamentos la ratonera, donde lo único limpio es la nevera”. Angello nos explica una de romanos, y como son casi las 12 de la noche, negociamos que al día siguiente cambiaremos a otro mejor. Posteriormente comprobaríamos que no era para echar cohetes, pero al menos los baños son correctos.